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Título de número

VUDÚ: DESDE DENTRO - POR JOHN WOLF

INTRODUCCIÓN

Corría el año 2013 cuando tomé una decisión que, quizás de haber sabido lo que hoy sé, ni tan siquiera me habría planteado. Como un amigo me decía que, “los toros desde la barrera se ven menos peligrosos, para ser consciente hay que estar en la arena” … Y cuánta razón llevaba.

 

En el año 2009 acepté una oferta de trabajo en Punta Cana, República Dominicana, y quedé cautivado por el país, sus costumbres, sus gentes y sus paisajes paradisíacos. Pero, irremediablemente, también por su lado oscuro que, como en todas partes del mundo, las tiene.

 

Antes de entrar en detalles de la investigación, creo justo explicar la situación actual de República Dominicana y, por ende, del país vecino Haití. Hablamos de dos de los países con más analfabetización de Latinoamérica, siendo precisamente Haití el más pobre de toda América, y solo superado mundialmente por diversos países africanos. Y ese es el caldo de cultivo en el que se desarrolla una de las creencias religiosas (porque el vudú es una religión), más misteriosas, cuasi secretas y, pronto lo descubrirán, más peligrosas del mundo.

 

Hablar del vudú en República Dominicana, uno de los países más cristianos del planeta, es hacerlo de ritos satánicos, demonios y hasta canibalismo. Todo se debe a la nula alfabetización de la mayoría de la población que, en muchísimas ocasiones, ni tan siquiera sabe leer o escribir. Lo que hace que, no solo los brujos vudú, sino incluso los pastores evangélicos, se aprovechen de la credulidad de estas personas. Igual que puedes ver a un brujo amenazar con enviar un zombie a que mate a su ser querido, puedes ver a un pastor evangélico “resucitando” una niña muerta durante un culto ante decenas de fervientes creyentes…

 

En definitiva, el primer ingrediente del vudú (que es el tema que nos ocupa), es la ignorancia del creyente… Y radica el peligro del vudú…

 

EL VUDÚ

El vudú, o voodoo, es una creencia religiosa que nace en África Occidental, tomando como principal asentamiento los países de Togo y de Benin. Ahí nace el auténtico vudú como religión. Y nada tiene que ver con lo que comenzó a originarse en el Caribe a partir del siglo XVII.

 

En esa época, los europeos ya habían conquistado y adoctrinado en la religión católica a varios pueblos nativos del Nuevo Mundo, entre ellos los taínos que se asentaban en la Isla de La Española conformada, hoy en día, por los países de Haití y República Dominicana.

 

A pesar de haber aceptado el dogma cristiano (de lo contrario les esperaba la muerte por herejía), muchos taínos seguían, en secreto, mantenían reminiscencias de sus antepasados. Y, a todo eso, se unieron las prácticas teísta-animista de los esclavos africanos del Golfo de Guinea, formado entre otros países, por los ya mencionados Togo y Benin.

 

El teísmo es una doctrina que aprueba la existencia de un Dios creador del Universo, sobre el cual gobierna, y el animismo es un concepto que engloba la creencia tanto en el poder mágico de objetos cotidianos (cuencos, muñecos, etc…), como naturales (montañas, ríos, plantas, etc…), todos ellos con vida, alma y consciencia propia. Así mismo, creen que los espíritus de seres superiores (incluidos espíritus de humanos), pueden poseer estos objetos cotidianos y dotarlos de inteligencia y voluntad, convirtiéndolos en elementos de poder.

 

Y de la mezcla de las creencias cristianas, africanas y taínas, nació el vudú que, hoy en día, se practica en el Caribe, incluso en Nueva Orleans, en Estados Unidos, a partir del siglo XVIII con la llegada de mano de obra esclava procedente de Haití, ya que la esclavitud tuvo una gran presencia en esa zona de América hasta su abolición.

 

El vudú ha sido utilizado, sobre todo en Haití, como una forma de dominar a la población por parte de las más altas esferas políticas. El caso más famoso es el del dictador haitiano François Duvalier, más conocido por Papa Doc, y que gobernó el país (a intervalos) entre 1957 y 1971. El propio dictador reconocía utilizar rituales vudú para llevar a cabo sus planes y control sobre la ciudadanía, presentándose ante su pueblo como un Hougan (sacerdote vudú) o Gran Bokor (Gran Brujo). Y, cuando eso no era suficiente, ordenaba asesinar a diestro y siniestro a sus adversarios políticos por tal de mantenerse en el poder.

 

Duvalier imitó, de modo deliberado, la imagen del Barón Samedi (deidad de la muerte y los cementerios en el panteón vudú) en un intento de resultar aún más convincente. Usaba frecuentemente gafas de sol, un sombrero de copa y hablaba con un fuerte tono nasal.

 

Papa Doc llegó a afirmar que John Fitgerald Kennedy había muerto por una maldición que él le había enviado, en venganza porque éste le había retirado las ayudas internacionales en 1962, ya que, en lugar de utilizarlas para el bien de su país, se las apropiaba para aumentar su riqueza… Cuando realizó estas declaraciones, todos los haitianos alabaron el poder mágico de Papa Doc y el miedo hacia su persona aumentó. ¿Quién iba a discutir la soberanía a la persona que ha maldecido y acabado con el presidente americano?

 

Tuvo el, irónico, honor de convertir a Haití en el país más analfabeto y pobre del mundo, en el que ni tan siquiera existía un sistema de salud… Pero el analfabetismo, y la inocencia, es un ingrediente básico para según que creencias mágico-religiosas, por lo tanto, Papa Doc estaba encantado.

 

Creó una milicia de voluntarios que se encargarían de perseguir cualquier tipo de amenaza, conato de sublevación o pensamiento libre dirigido contra su mandato, que fue conocido como los Tontons-Macoutes. Estos no cobraban sueldo alguno, por lo que tenían permiso gubernamental para obtener sus beneficios de la extorsión y el crimen. Debido a la frialdad con la que este grupo era capa de asesinar por dinero a bebés, niños, ancianos e incluso a sus propios familiares en algunos casos, la población tenía el convencimiento de que los Tontons eran zombies al mando de Papa Doc.

 

Cuando falleció, en 1971 por una diabetes, le siguió en su puesto, a modo vitalicio como presidente, su hijo de diecinueve años, Jean-Claude Duvalier, conocido como Baby Doc, que continuó la línea de mandato que había iniciado su padre.

 

En 1986 Baby Doc fue derrocado y tuvo que huir de Haití hacia Francia, donde vivió el lujo más fastuoso junto a su mujer. Durante 25 años no volvió a pisar Haití, y cuando lo hizo fue arrestado y trasladado al Palacio de Justicia e interrogado por los crímenes que había cometido durante su mandato. Lo más gracioso es que pisó Haití porque quería volver a presentarse a las elecciones generales del país… Parece que el hecho de que cuando el huyó del país tras el sublevamiento militar de 1986, los ciudadanos desenterraran el cuerpo de su padre y apalearan ritualmente lo poco que quedaba tras quince años en descomposición, no era suficiente mensaje de que no le querían ver ni en pintura.

 

Baby Doc murió en 2014 de un infarto de miocardio… Aunque varios bokores haitianos no dudaron en exponer que lo habían hecho ellos con maleficios en busca de publicidad…

VUDÚ DOMINICANO

Tras mantener una conversación extensa con mi gran amigo Augusto Valdivia, Presidente de Taínos Ciber-periodistas y Director de Municipiosaldia.com, y escuchar atentamente sus consejos de que no era prudente infiltrarse en el vudú, decidí comenzar a documentarme acerca de ese mundo.

 

Comencé a moverme por mercados dominicanos donde la venta de amuletos y otros elementos que se usan en los rituales están a disposición de cualquiera. Puedes comprar desde una gallina, viva por supuesto, hasta una simple piedra para evitar el mal de ojo. Aunque debo ser sincero de que tras visitar innumerables locales donde prometían rituales profesionales, si es que se puede llamar así, ninguno captó mi atención. No concibo que en un lugar te quieran convencer de que son el mejor brujo y los rituales más secretos y efectivos del vudú, cuando te están vendiendo de recuerdo una muñeca de paja, con su juego de agujas y un libro de instrucciones de como hacer daño a otra persona…

 

La verdad es que me desencanté un poco pero no desistí. Fue entonces cuando decidí pedir información a una amiga periodista dominicana, la cual omitiré el nombre, que me habló de La Romana y, más en concreto, del Batey 33. Los Bateys son una especie de comunas a las afueras de las ciudades cuya población mayoritaria son haitianos que se dedican a la recogida de caña de azúcar, la construcción o similares… Todos sin papeles. Y, de entre todos los clanes que ella me indicó en ese lugar, me aconsejó, periodísticamente, el Clan de Daniel Cedano, El Padrino. Pero, a su vez, me lo desaconsejó por las múltiples historias que se contaba en La Romana sobre ese clan vudú.

 

Los que me conocen, personalmente, saben que eso me bastó para decidirme a meter la cabeza de lleno entre las paredes de ese lugar, aún con el riesgo de perderla.

 

Me armé con mi smartwatch, una cámara de botón colocada en una bandolera, y mi grabadora oculta en un bolígrafo. Incluso mis gafas de sol grababan video en caso de necesitarlo en una memoria interna de 32 GB. Mi amiga consiguió que un amigo suyo policía me acompañara haciéndose pasar por taxista, y yo por un simple turista que buscaba una venganza contra un amigo por celos.

 

Y, es justo reconocerlo, no costó nada hacer que las puertas del Clan del Padrino se me abrieran de par en par…

EL CLAN DEL PADRINO

Entrar a ese lugar fue una sensación extraña, pero nada espiritual. Nada más poner un pie dentro ves innumerables murales pintados en las paredes con representaciones hindúes, cristianas… Gallos y gallinas correteando por todo el recinto, banderas haitianas colgando de cualquier gancho… Pero, sin duda, lo más llamativo de todo el lugar era el propio Padrino…

 

Un hombre de unos treinta y pocos años, entrado en kilos, con unas uñas acrílicas larguísimas, pelo hasta la cintura, pero enrollado en una especie de turbante, vestido con un camisón y plagado de joyas. Y caí en un detalle… Allí habría cerca de diez personas más del clan, entre los que distinguí zapatos con mil usos de más, camisetas que ya no sabrías distinguir que color era, y esqueléticos… Creo que saben por donde voy…

 

Tras comentarle a Daniel que una traición por celos me había llevado a plantearme contratar los servicios de un brujo vudú, él se apresuró a intentar convencerme de que su clan era el lugar adecuado. Me permitió que le preguntara cosas para yo convencerme de ello, y eso me facilitó la labor.

 

Las conversaciones grabadas pueden escucharlas ÍNTEGRAS en el reportaje “Vudú: desde dentro”, en la web de mi programa de radio, invictahistoria.com.

 

Pero les avanzo que El Padrino no tuvo reparo alguno en reconocerme que en el vudú se llevaban a cabo sacrificios humanos (no entró en detalles, pero en Haití la cosa cambió), o que ellos mismos consideraban el vudú como algo satánico… Eso me desconcertó porque en la habitación donde hablábamos estaba plagada de crucifijos, santos, vírgenes, etc…Y él me decía que uno de los dioses a los que invocaba era a Satán… Ni Satán es un Dios, ni entiendo como alguien creyente en el catolicismo dice invocar al diablo… Pero dile a un dominicano, sin estudios, creyente, que Satán es tu aliado, y harás con él lo que quieras… Y si ya ve la cabeza de macho cabrío colgando de la pared…

No tuvo problema en explicarme como robaban huesos del cementerio para sus rituales, pues para el mío me dijo que necesitaba la rótula de una persona, como los molían hasta convertirlos en polvo y, para los que creáis que solo eran palabras, explicaros que me enseñó calaveras humanas reales, restos de huesos, etc… 

 

Y me mostró un ritual de muñeca vudú que debía realizar para otro cliente español que estaba en Canarias… Y ahí, en ese momento, es cuando tuve la prueba fehaciente de que El Padrino no era un charlatán más.

 

Me habló de que hacía unos años, le había llegado el encargo desde Canarias para realizar un ritual vudú contra una familia de dinero por temas de herencia. Me explicó que había mandado a unos compañeros canarios a que desenterraran a esa para obtener restos de ella con los que hacer el ritual… Me enseñó hasta una fotografía de la mujer… Me informé, y encontré que tres años antes, en 2011, en Arico, Tenerife, habían profanado siete tumbas por rituales mágico-religiosos… Hablé con la policía (nunca habían publicado una foto de la señora), les pasé las grabaciones de ese asunto y ese testimonio, y llevaron a cabo una investigación. Lo último que supe es que la policía dominicana no quería tomar declaración al Padrino… 

 

Amigos, todo encajaba y a la vez me aterrorizaba, porque estaba viendo como un simple bocazas de un suburbio dominicano, tenía esa serie de contactos.

EL VUDÚ HAITIANO

Aquí la cosa cambia radicalmente, y para mal.  Lo primero que me aconsejaron fue que la Embajada Española en Puerto Príncipe me pusiera un escolta y la verdad es que no pusieron ningún problema para ello, más allá del llamarme loco cada cinco minutos por querer introducirme en ese mundo.

 

Había quedado en verme con una española, casada con un brujo vudú haitiano, conocido como Maestro Poteau, a las afueras de Puerto Príncipe. Me acompañaron dos funcionarios de la Embajada.

 

Entramos al lugar y ahí si se respiraba un ambiente desagradable (y no me refiero solamente al hedor de una ciudad en ruinas desde el terremoto de 2010). El sitio era oscuro, decorado también con infinidad de imágenes pero resaltando el Barón Samedí… Uno de los entes vudú más peligrosos según su creencia, Barón y Guardián de los Cementerios, y que debe estar presente en los sacrificios humanos…

El brujo nos contaba como cuando un anciano, o una persona, tenía una enfermedad grave sin curación o de la que no pudieran pagarle el tratamiento, esta persona, como último favor a su familia, acudía a los clanes para que compraran su vida. Les explico… El anciano, el enfermo o cualquier persona, se reunía con el brujo y acordaban un precio para servir de sacrificio al Barón Samedí. Se firmaba un contrato entre ambos y se le entregaba la mitad del dinero… El día acordado, los hombres del brujo recogían a la persona en su casa, lo llevaban al ritual y, tras el mismo, entregaban a la familia la otra parte del dinero. Así de duro, así de real.

 

Pero no solo se trataba de ancianos o enfermos… El propio Maestro nos confirmó que cuando una muchacha joven quedaba embarazada, o una adulta con demasiadas bocas que alimentar ya, también acudían para vender al bebé… Y eso se pagaba más caro.

 

Ahora entienden porque los funcionarios de la Embajada sentían asco y vergüenza con el Maestro… Y su esposa malagueña.

MI CONCLUSIÓN

Debo reconocer que cuando decidí infiltrarme en este mundo, sabía que era un terreno peligroso y pantanoso. De hecho, he omitido varias cosas para, si lo desean, escuchen el reportaje íntegro o disfruten del libro “Vudú: desde dentro” donde está todo el trabajo de investigación junto a archivos gráficos obtenidos. Pero, sinceramente, la realidad superó la ficción, aunque suene tópico.

 

Tener la constancia de que se están llevando a cabo robo de cadáveres entraba dentro de la lógica… Saber que se estaban llevando a cabo sacrificios humanos “consentidos”, no lo esperaba.

 

Pero claro, situémonos en Haití… El país más pobre de Latinoamerica, el más corrupto, destruido (si no lo estaba ya) en 2010 por el terremoto, donde no hay agua corriente, escuelas, medicinas ni trabajo ni apenas comida… ¿Qué menos podría pasar que lo que contaba el brujo haitiano?

Como dije al principio, he vivido nueve años en República Dominicana que, si bien no tiene el nivel de pobreza haitiano, si es un país corrupto y con muchísima analfabetización. Donde no solo los brujos vudú, sino también los pastores evangélicos campan a sus anchas en coches de 60,000 dólares y viven en mansiones, mientras sus fieles no tienen ni cincuenta euros para comer un mes y viven entre cuatro chapas.

 

En definitiva, países con mucha necesidad, con bocas que alimentar, con enfermedades que curar, y un infinito etcétera de problemas que no pueden afrontar. Si tú, pongamos como ejemplo, tienes setenta años, te detectan un cáncer en cualquiera de esos dos países, créeme, estas condenado a morir mas pronto que tarde porque no tienes un seguro médico que cubra ese tratamiento… Si un médico te dice que te quedan dos meses de vida, y tienes un hijo que pasa hambre o tiene quizás también otra enfermedad… ¿Qué harías? ¿Dejarte morir por nada? ¿O venderías tu vida por apenas mil dólares a un brujo? Porque mil dólares en cualquiera de esos dos países, come una familia casi un año y les sobra dinero. Lo que no sabes, es que ese brujo ha cobrado cincuenta mil dólares a un extranjero crédulo, desesperado y sin escrúpulos, que cree que por matar a una persona y bañarse en su sangre va a curar de cáncer o cualquier otro motivo. Y si es un niño el sacrificado, la cuantía se duplica…

 

Así es como funcionan las cosas allí… El brujo, por un lado, se aprovecha de la necesidad del haitiano para comprar una vida… Y, por otro, de la sin razón de ricos que no tienen reparo alguno en que una existencia se apague para colmar sus placeres.

Ese es el vudú, querido lector, más allá de zombies, muñecas y gallinas degolladas…

 

Más información:

Vudú: desde dentro – Yggdrasil Editorial – ISBN 979-8605200871

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